Como espuma que inerte lleva el caudaloso río
Flor de Azalea la vida en su avalancha te arrastró
pero al salvarte hallar pudiste protección y abrigo
con que curar tu corazón herido, por el dolor

Tu sonrisa refleja el paso de las horas negras
tu mirada la más amarga desesperación
hoy para siempre quiero que olvides tus pasadas penas
y que tan sólo tenga horas serenas tu corazón

Quisiera ser la golondrina que al amanecer
a tu ventana vino para ver a través del cristal
y despertarte muy dulcemente si aun estás dormida
a la alborada de una nueva vida llena de amor

Quisiera ser la golondrina que al amanecer
a tu ventana vino para ver a través del cristal
y despertarte muy dulcemente si aun estás dormida
a la alborada de una nueva vida llena, llena de amor.

El lenguado

Soy
lo gris contra lo gris. Mi vida
depende de copiar incansablemente
el color de la arena,
pero ese truco sutil
que me permite comer y burlar enemigos
me ha deformado. He perdido la simetría
de los animales bellos, mis ojos
y mis narices
han virado hacia un mismo lado del rostro. Soy
un pequeño monstruo invisible
tendido siempre sobre el lecho del mar.
Las breves anchovetas que pasan a mi lado
creen que las devora
una agitación de arena
y los grandes depredadores me rozan sin percibir
mi miedo. El miedo circulará siempre en mi cuerpo
como otra sangre. Mi cuerpo no es mucho. Soy
una palada de órganos enterrados en la arena
y los bordes imperceptibles de mi carne
no están muy lejos.
A veces sueño que me expando
y ondulo como una llanura, sereno y sin miedo, y más grande
que los más grandes. Yo soy entonces
toda la arena, todo el vasto fondo marino.

Juan Watanabe

El rotundo fracaso

La tristeza no tiene un sabor más desagradable que el rotundo fracaso. La tristeza puede sobrellevarse, llevarse, endulzarse con poesía, con cuentos, con novelas, con historias, con canciones, la tristeza puede convertirse en un modus vivendis del cual sentirse orgulloso aunque sea con culpa, la tristeza puede convertirse en melancolía y con la melancolía, si se es lo suficientemente listo, se puede jugar a la bohemia, al panorama, al ver más allá, al solitario. La tristeza puede dar frutos en sí o a su alrededor, puede donar sangre a la pintura, órganos al piano, la tristeza puede tener sabor amargo y sin embargo ser adictiva, un amargo que se disfruta, un amargo de caché, fino, como quien prueba vino -bebida asquerosa- y dice que es genial, uy es vino, es genial, soy refinada y el vino huele a madera y sabe piedras con un toque de canela. Pero el fracaso, no se endulza, no madura, no crece, no sangra, no organiza, no se vuelve una manera de vivir, no se disfruta, ni siquiera un cínico lo disfruta, solo los imbéciles cínicos que saben que su fracaso no es fracaso y su risa es burla inhumana hacia quienes sí lo han hecho. No sé, solo pensaba. Sólo pensaba que la tristeza no tiene un sabor más malo que el rotundo fracaso. Nota personal: no más películas por hoy.

Y la gente dice “sexy”. Ella solo mira la tierra y se maravilla de la hormiguita que va caminando, porque tiene sus patitas, porque camina, porque tiene la forma que tiene, porque tiene el color que tiene. Una Mona Lisa incomprendida.

Y la gente dice “sexy”. Ella solo mira la tierra y se maravilla de la hormiguita que va caminando, porque tiene sus patitas, porque camina, porque tiene la forma que tiene, porque tiene el color que tiene. Una Mona Lisa incomprendida.

(via wild-hydrangea)

Es azul el tiempo y líquido el amor.

I bought them for you

En busca de respuestas con Mario Benedetti muerto

Mario, tú que alguna vez buscaste las cercanías de la muerte, tú que alguna vez sentiste la peor tristeza atorada en tus costillas, tú que alguna vez desgranaste cada hábito, cada montaña, cada horizonte para entender el misterio del dolor, que lo recorriste todo, para salvaguardarte de él, que te escondiste para llorar a solas, ¿qué hacemos si la tristeza llena de gracia no es basta compañía ni el amor una utopía? ¿qué hacemos si todo es tan real que si se chinga, se chingó?

Te quiero

azurea:

Cuando alguien pronuncia esas palabras
todo se paraliza.
Los asuntos más graves adelgazan, las noticias se duermen
en los ordenadores,
las solemnes estatuas
bajan del pedestal, juegan al mus
y pierden compostura.
Algo queda en suspenso,
quizás la vida o cualquier cosa de mayor importancia.
Cuando alguien las pronuncia,
todo comienza a ser igual.
Y da lo mismo
que la Luna se olvide de mirarnos, que la cena esté fría,
que Dios no esté en su sitio y esto acabe
como el rosario de la aurora.
Da igual, para entendernos, que la lluvia de abril
ponga muecas de octubre,
que tengan más de un ojo el huracán,
el cíclope,
la perdiz de los trajes o el pirata del cuento.

Da igual que tú después te calles
y que yo no conteste.


- De Restos de almanaque, 1993, Enrique García Trinidad

azurea:

Una esperanza un huerto un páramo
una migaja entre dos hambres
el amor es campo minado
un jubileo de la sangre
cáliz y musgo/ cruz y sésamo
pobre bisagra entre voraces
el amor es un sueño abierto
un centro con pocas filiales
un todo al borde de la nada
fogata que será ceniza
el amor es una palabra
un pedacito de utopía
es todo eso y mucho menos
y mucho más/ es una isla
una borrasca/ un lago quieto
sintetizando yo diría
que el amor es una alcachofa
que va perdiendo sus enigmas
hasta que queda una zozobra
una esperanza un fantasmita.

Mario Benedetti

“Acumular dolor sin convertirlo en palabras, acumular amor sin convertirlo en abrazos, acumular penas sin llorarlas.”
— Marco Antonio de la Parra (via hachedesilencio)

(via xdarling-close-your-eyesx)

Cómplice

Todos necesitamos alguna vez un cómplice
alguien que nos ayude a usar el corazón
que nos espere ufano en los viejos desvanes
que desnude el pasado y desarme el dolor

prodigioso / sencillo / dueño de su silencio
alguien que esté en el barrio donde nacimos o
que por lo menos cargue nuestros remordimientos
hasta que la conciencia nos cuelgue su perdón

cómplice del trasmundo nos defiende del mundo
del sablazo del rayo y las llamas del sol
todos necesitamos alguna vez un cómplice
alguien que nos ayude a usar el corazón

Mario Benedetti