El rotundo fracaso

La tristeza no tiene un sabor más desagradable que el rotundo fracaso. La tristeza puede sobrellevarse, llevarse, endulzarse con poesía, con cuentos, con novelas, con historias, con canciones, la tristeza puede convertirse en un modus vivendis del cual sentirse orgulloso aunque sea con culpa, la tristeza puede convertirse en melancolía y con la melancolía, si se es lo suficientemente listo, se puede jugar a la bohemia, al panorama, al ver más allá, al solitario. La tristeza puede dar frutos en sí o a su alrededor, puede donar sangre a la pintura, órganos al piano, la tristeza puede tener sabor amargo y sin embargo ser adictiva, un amargo que se disfruta, un amargo de caché, fino, como quien prueba vino -bebida asquerosa- y dice que es genial, uy es vino, es genial, soy refinada y el vino huele a madera y sabe piedras con un toque de canela. Pero el fracaso, no se endulza, no madura, no crece, no sangra, no organiza, no se vuelve una manera de vivir, no se disfruta, ni siquiera un cínico lo disfruta, solo los imbéciles cínicos que saben que su fracaso no es fracaso y su risa es burla inhumana hacia quienes sí lo han hecho. No sé, solo pensaba. Sólo pensaba que la tristeza no tiene un sabor más malo que el rotundo fracaso. Nota personal: no más películas por hoy.

Y la gente dice “sexy”. Ella solo mira la tierra y se maravilla de la hormiguita que va caminando, porque tiene sus patitas, porque camina, porque tiene la forma que tiene, porque tiene el color que tiene. Una Mona Lisa incomprendida.

Y la gente dice “sexy”. Ella solo mira la tierra y se maravilla de la hormiguita que va caminando, porque tiene sus patitas, porque camina, porque tiene la forma que tiene, porque tiene el color que tiene. Una Mona Lisa incomprendida.

(via freegreensoul)

Es azul el tiempo y líquido el amor.

I bought them for you

En busca de respuestas con Mario Benedetti muerto

Mario, tú que alguna vez buscaste las cercanías de la muerte, tú que alguna vez sentiste la peor tristeza atorada en tus costillas, tú que alguna vez desgranaste cada hábito, cada montaña, cada horizonte para entender el misterio del dolor, que lo recorriste todo, para salvaguardarte de él, que te escondiste para llorar a solas, ¿qué hacemos si la tristeza llena de gracia no es basta compañía ni el amor una utopía? ¿qué hacemos si todo es tan real que si se chinga, se chingó?

Te quiero

azurea:

Cuando alguien pronuncia esas palabras
todo se paraliza.
Los asuntos más graves adelgazan, las noticias se duermen
en los ordenadores,
las solemnes estatuas
bajan del pedestal, juegan al mus
y pierden compostura.
Algo queda en suspenso,
quizás la vida o cualquier cosa de mayor importancia.
Cuando alguien las pronuncia,
todo comienza a ser igual.
Y da lo mismo
que la Luna se olvide de mirarnos, que la cena esté fría,
que Dios no esté en su sitio y esto acabe
como el rosario de la aurora.
Da igual, para entendernos, que la lluvia de abril
ponga muecas de octubre,
que tengan más de un ojo el huracán,
el cíclope,
la perdiz de los trajes o el pirata del cuento.

Da igual que tú después te calles
y que yo no conteste.


- De Restos de almanaque, 1993, Enrique García Trinidad

azurea:

Una esperanza un huerto un páramo
una migaja entre dos hambres
el amor es campo minado
un jubileo de la sangre
cáliz y musgo/ cruz y sésamo
pobre bisagra entre voraces
el amor es un sueño abierto
un centro con pocas filiales
un todo al borde de la nada
fogata que será ceniza
el amor es una palabra
un pedacito de utopía
es todo eso y mucho menos
y mucho más/ es una isla
una borrasca/ un lago quieto
sintetizando yo diría
que el amor es una alcachofa
que va perdiendo sus enigmas
hasta que queda una zozobra
una esperanza un fantasmita.

Mario Benedetti

“Acumular dolor sin convertirlo en palabras, acumular amor sin convertirlo en abrazos, acumular penas sin llorarlas.”
— Marco Antonio de la Parra (via hachedesilencio)

(via lenjoy-the-silencel)

Cómplice

Todos necesitamos alguna vez un cómplice
alguien que nos ayude a usar el corazón
que nos espere ufano en los viejos desvanes
que desnude el pasado y desarme el dolor

prodigioso / sencillo / dueño de su silencio
alguien que esté en el barrio donde nacimos o
que por lo menos cargue nuestros remordimientos
hasta que la conciencia nos cuelgue su perdón

cómplice del trasmundo nos defiende del mundo
del sablazo del rayo y las llamas del sol
todos necesitamos alguna vez un cómplice
alguien que nos ayude a usar el corazón

Mario Benedetti

Es todo lo que yo quiero #alamordemivida

El dolor común

Cállate, corazón, son tus pesares 
de los que no deben decirse, deja 
se pudran en tu seno; si te aqueja 
un dolor de ti solo no acíbares 

a los demás la paz de sus hogares 
con importuno grito. Esa tu queja, 
siendo egoísta como es, refleja 
tu vanidad no más. Nunca separes 

tu dolor del común dolor humano, 
busca el íntimo aquel en que radica 
la hermandad que te liga con tu hermano, 

el que agranda la mente y no la achica; 
solitario y carnal es siempre vano; 
sólo el dolor común nos santifica.

Miguel Unamuno

así sea

el dolor del otro

el dolor uno

el primer dolor

el único dolor

los dolores

el tiempo pasa

el dolor del otro sembró alacranes

los alacranes picaron la rueda de la pus

el fin del cuento es triste

el dolor siguió

sigue

grandote, fuerte, entrañable, perenne

el primer dolor

el de a de veras

su dolor

porque dice: y de que cada aguijón nacerán siete mil alacranes, así sea